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Sistemas productivos sostenibles y biodiversidad

Francisco Abardía

El proyecto Sistemas Productivos Sostenibles y Biodiversidad tiene como objetivo “conservar y proteger la biodiversidad de México de importancia nacional y global mediante la mejora de prácticas de manejo sostenible en espacios productivos de corredores biológicos prioritarios”. Para cumplir con ese objetivo, nos hemos asociado con veintisiete empresas sociales que realizan prácticas productivas amigables con la biodiversidad y con ello hacemos un reconocimiento a la pluralidad de experiencias exitosas que se desarrollan en el sur y sureste mexicano.

Las empresas sociales reúnen a pequeños productores comuneros, ejidatarios y pequeños propietarios por igual, que se asocian para producir y comercializar conjuntamente los bienes y servicios que ofrecen. En la región se han desarrollado sobre todo en caficultura sostenible, silvicultura, apicultura sostenible, ecoturismo, cacaocultura sostenible, ganadería silvopastoril y uso de fauna silvestre.

Este conjunto de asociaciones de productores se caracteriza, entre otras cosas, por la creación de sistemas de manejo que implican formas de uso del patrimonio natural que no atentan contra el consume futuro, en aras del presente, y que no degradan progresivamente la capacidad productiva de sus territorios y recursos. Se distinguen por el ejercicio de prácticas productivas sostenibles, amigables con la biodiversidad, y por su mejora continua. El desarrollo de la silvicultura sostenible y de la producción orgánica son dos de sus pilares. Las empresas sociales se distinguen no sólo por sus trabajos productivos que integran innovadoramente sociedad y naturaleza, sino también por las prácticas sociales y su capacidad innovadora que las distinguen.

Las sociedades forestales comunales creadas en la década de 1980 por comunidades indígenas en Oaxaca son un caso ejemplar de creatividad social, pues fortalecen las culturas indígenas que se apropian de los conceptos de empresa en su beneficio y para su desarrollo en el siglo XXI. La producción orgánica y sus novedosos sistemas de control interno han provocado una gran revolución en los sistemas de garantía de calidad, ensanchando el campo de los valores agregados y la competitividad.

El sistema del comercio justo –creación de organizaciones de pequeños productores de café– es una novedosa incursión en las relaciones comerciales, entre actores particulares, sin intervención gubernamental. Es una aportación fundamental a las teorías del mercado desde la perspectiva de la alianza de productores y consumidores, fundado en principios incuestionables de transparencia, democracia, pluralidad, equidad, sostenibilidad, competitividad y calidad. Esas tres grandes aportaciones: empresa comunal forestal, producción orgánica y comercio justo son suficientes para mostrarnos el potencial y la importancia de la fusión de naturaleza y sociedad en el presente y el futuro de nuestra nación. La tranquila perseverancia que aportan las empresas sociales y sus indudables retos en un mundo globalizado nos permiten vislumbrar un camino para superar los problemas que conlleva la escasez. En ellas está presente la eterna disyuntiva entre el consume presente y futuro. El desarrollo y la mejora de prácticas productivas amigables con la biodiversidad y una empresarialidad innovadora son la mejor respuesta a la estrecha visión que la pobreza impone, ocupada en la comida de hoy, que deja de lado los siempre difíciles asuntos de la inversión y la sostenibilidad.