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El manejo forestal sustentable

Escrito por: Conecto mayo 7, 2017

ICOFOSA: un caso de éxito

Casi la mitad de los bosques comunitarios certificados del mundo están en México.

Durante siglos, indígenas de diferentes etnias han llamado “hogar” a las majestuosas sierras de Oaxaca, que son espacios importantes por la gran diversidad de ecosistemas que albergan y por el potencial de aprovechamiento de sus bosques de coníferas que se encuentran mayoritariamente en manos de ejidos y comunidades agrarias.

Mientras que en el resto del mundo existen pocos ejemplos de empresas comunitarias que se basen en recursos de propiedad común, durante los últimos 40 años las comunidades en México se han vuelto pioneras en la producción comercial de madera proveniente de bosques bajo propiedad comunitaria. En 2007, sólo 3 por ciento de las 29 millones de hectáreas con certificación forestal en el mundo correspondían a bosques comunitarios, pero dentro de esta categoría casi la mitad se localizaban en México.

Esta es la historia de tres comunidades oaxaqueñas certificadas: Ixtlán de Juárez y Pueblos Mancomunados, ubicadas en la Sierra Norte de Oaxaca; y Santiago Textitlán, en la Sierra Sur. En 2006, buscando tener un mayor control de su mercado, decidieron aliarse para conformar la Integradora Comunal Forestal de Oaxaca, S.A. de C.V. (ICOFOSA) y, como brazo comercial, fundaron la tienda TIP Muebles. A la larga, se han convertido en un ejemplo que muestra que las empresas forestales comunitarias pueden contribuir al manejo racional de los bosques, promover el bienestar social y generar una derrama económica en las comunidades rurales en que operan.

La historia de ICOFOSA y de otras empresas forestales comunitarias en México tiene raíces en procesos históricos del siglo pasado. En los años cincuenta, el gobierno decidió administrar los bosques comunitarios como si fueran recursos de propiedad pública y otorgó concesiones a grandes empresas forestales, pasando por encima de los intereses de las comunidades. En el estado de Oaxaca, la región de la Sierra Norte quedó en manos de la compañía Fábricas de Papel Tuxtepec (Fapatux), mientras que la Sierra Sur quedó en manos de la compañía Bosques de Oaxaca. Los concesionarios controlaban todas las actividades realizadas en el bosque, haciendo a un lado a las comunidades indígenas, las verdaderas dueñas de las superficies boscosas de su territorio.

Con el pasar de los años creció el descontento y la intranquilidad causados por las empresas paraestatales. Los miembros de las comunidades, que durante años habían sido tan sólo espectadores del manejo forestal realizado por concesionarios, comenzaron a trabajar como jornaleros para ellos. Eventualmente lucharon y ganaron el derecho de aprovechar los bosques dentro de su territorio.

Fue hasta la década de 1980 cuando las comunidades zapotecas de Ixtlán, Textitlán y Pueblos Mancomunados empezaron a ejercer un control importante del manejo forestal y de las empresas extractivas, aserraderos y estufas de secado. En 2001, Textitlán e Ixtlán obtuvieron el certificado internacional del Forest Stewardship Council (FSC). En 2005 y 2006 estas tres comunidades abrieron sus fábricas de muebles, cuyo principal cliente era el propio gobierno estatal, a quien surtían de mobiliario escolar. Hasta la fecha, estos contratos gubernamentales han sido un factor crucial para la supervivencia de las fábricas de muebles de las comunidades, pues todavía en 2013 más de la mitad de los ingresos de cada una provenía de compras gubernamentales.

La decisión de crear ICOFOSA y TIP Muebles fue catalizada por el conflicto magisterial que en 2006 provocó una crisis política local que paralizó a Oaxaca –y por lo tanto a sus principales clientes– y las comunidades se vieron forzadas a diversificar su mercado.

Pese a los retos, el consorcio de comunidades indígenas que conformó ICOFOSA y TIP Muebles sigue siendo un referente para las demás organizaciones forestales comunitarias en México y en el mundo, tanto por el capital social de sus miembros, como por el exitoso manejo de su territorio y sus bosques.

Lo primero, el capital social, se puede entender como la red de relaciones sociales que facilitan la acción colectiva, o bien como “las fuerzas que incrementan el potencial de desarrollo económico en una sociedad, a través de la creación y el mantenimiento de relaciones sociales y de patrones de organización social”.

Lo segundo, el manejo territorial exitoso, no puede entenderse sin tomar en cuenta el sistema de gobernanza local conocido como usos y costumbres, que se aplica en Ixtlán, Textitlán y Pueblos Mancomunados. La producción forestal comunitaria nació y evolucionó teniendo este sistema de gobernanza como marco de referencia. Sin él, el paisaje bien podría estar fragmentado entre las cerca de 10 mil familias que habitan en estas comunidades de la sierra, cada una con su milpa y sus áreas de pastoreo. En cambio, gracias a una buena gobernanza, las tres comunidades oaxaqueñas organizaron su territorio y lograron 56,397 hectáreas de extensión forestal ininterrumpida. Con esta visión comunal, el territorio se vuelve multifuncional. En el caso de Ixtlán de Juárez, los comuneros dividieron su región en áreas urbanas, agrícolas, recreativas y para turismo, de conservación, de baja productividad y aquellas con potencial de aprovechamiento forestal maderable.

Bajo este sistema de manejo el bosque permanece en su conjunto como un recurso colectivo directamente controlado por la asamblea de comuneros. La estrecha vigilancia ayuda a conservar la biodiversidad, permite una respuesta eficiente en el combate de incendios y anula la posible tala clandestina, y también hay macizos forestales que se extienden por kilómetros. Las comunidades han implementado programas de monitoreo de flora y fauna en las que han registrado cientos de especies, entre las que se encuentran lagartijas, pumas, jabalíes, venados, tejones, gatos montés, zorros y musarañas, además de diversas especies de pinos y encinos que crecen en la región.

Pero quizás el logro principal de las empresas forestales comunitarias que conformaron ICOFOSA y TIP Muebles tiene que ver con cómo han logrado insertarse en un mercado competitivo sin negar su herencia arraigada en usos y costumbres. En contraste con el sistema de cargos tradicional, en el que el miembro seleccionado por la asamblea comunitaria rara vez tiene las habilidades requeridas y es elegido para administrar durante tres años independientemente de sus resultados, en ICOFOSA establecieron un sistema de administración gerencial para sus negocios comunitarios. Bajo este esquema, los gerentes son pagados, es decir reciben un salario, y trabajan por periodos indefinidos a discreción de las autoridades comunitarias y de la asamblea. Este modelo ha permitido que ICOFOSA tenga un mayor grado de profesionalización, continuidad y capacidad para la planeación, al tiempo que las comunidades han mantenido el control sobre sus empresas productivas.

El esquema parece haber funcionado. Aunque TIP Muebles sólo es responsable de una cuarta parte de las ventas de cada fábrica (puesto que cada una vende muebles a otros clientes), sus ventas de medio millón de dólares en 2007 alcanzaron un millón de dólares en 2013, es decir se duplicaron en tan sólo seis años. También aumentaron los puntos de venta: de una sola tienda en la ciudad de Oaxaca en 2006, hoy cuentan con ocho tiendas minoristas y varios distribuidores a gran escala.

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