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“Un bosque sin valor vive amenazado”; entrevista con Pati Ruiz

Escrito por: Emily Corona octubre 30, 2015

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La ambientalista reconocida a nivel mundial habla del llamado que la alejó de la ciudad y la llevó a la Sierra Gorda hace tres décadas, de lo que implica conservar la naturaleza en contextos de extrema pobreza y del momento en que descubrió que no todas las vacas eran sus enemigas.

Cuando Martha Isabel “Pati” Ruiz Corzo comunica una idea pareciera que se dirige a un salón de inquietos niños de primaria. Canta y habla en frases pausadas y claras, sus cejas y mirada acompañando la emoción de sus palabras.

Pero bajo el manto amoroso de la ambientalista queretana se esconde otro rostro: el de la férrea activista convencida de la causa medioambiental y dispuesta a enfrentarse con gobernadores o funcionarios de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con tal de defenderla.

“No han sido situaciones fáciles (…). Aquí en Grupo Ecológico [Sierra Gorda de Querétaro] (GESG) tenemos un doctorado en coliseo romano, hemos peleado con el más feo y a Dios gracias y con la providencia a favor hemos ganado y hemos hecho a un lado amenazas para nuestro querido territorio”, cuenta Pati en entrevista para Conecto.mx.

Este año cumple 29 años de estar trabajando en la Sierra Gorda. Llegó a mediados de los ochenta acompañada por su esposo y de la mano de dos hijos pequeños. “Mira, hay un largo camino entre aquella [mujer] y la que soy hoy”, responde cuando Conecto.mx indaga en su transformación personal: de ser una señora entaconada de la sociedad queretana a que sus hijos la apodaran “jabalí”.

En aquel momento tenía 30 años y estaba lista para abandonar los estereotipos de la mujer moderna y los modos convencionales de vida. Quería recorrer caminos no explorados, buscar una vida simple, recuperar valores y salud, vivir con poquito y tener tiempo para conocerse a sí misma y encontrar respuestas a sus múltiples preguntas. “Respuestas que te ponen en una esquina y que en ello te va tu existencia, buscando respuestas”.

-¿Un gobierno con conciencia ecológica o una sociedad organizada que impulsa esa causa?

“Creo que las dos acciones son muy necesarias, pero no creo que la iniciativa de reverdecer México venga del otro lado, tiene que surgir de nuestro emprendimiento como sociedad civil, de un reconocimiento del territorio, de una conciencia de la emergencia ambiental y nosotros ser los auditores sociales, ser los que impulsemos, los que estemos ahí para levantar la voz por el bosque, por los suelos, por los cerros”.

-¿Por qué es tan importante darle un valor económico a la biodiversidad?

“Porque aquí en el contexto nacional y del cono Sur, la biodiversidad, los bosques y la selvas son propiedad de la extrema pobreza, no es un parque en Estados Unidos donde toda la tierra es propiedad nacional. Aquí tenemos que generar respuestas para las 638 comunidades sólo dentro de Sierra Gorda, y esto te mueve a buscar, darle un valor económico al capital natural porque de otra manera están altamente amenazados sus bosques de incendios provocados”.

Un bosque sin valor vive amenazado, informa Pati mirando directo a la lente de la cámara, su cabello corto enmarcando su rostro. Vive amenazado porque una localidad de extrema pobreza no tiene más oportunidades que talar la madera del área natural protegida (ANP) en que reside o peor, aventar un cerillo que provocará un incendio para así acceder a los subsidios para la ganadería.

“…Y cuando hay un incendio en estas latitudes tú sabes el día que empieza, pero no el día que va a terminar, y no hay una impresión más desgarradora y triste y horrible saber que un bosque está en llamas y pasan las semanas y que no se logra contener, eso es el pánico para los animalitos y para esta su servidora también”.

-¿El mayor logro en estos 29 años de trabajo?

“Nuestro mayor logro es el tejido social conseguido, esto se ha dado de un continuo tejer con hilo de amor que es un lazo indisoluble, con una gran voluntad de servicio para los socios locales, sean dueños de los bosques o sean productores agropecuarios u operadoras turísticas o profesores o jóvenes; aquí estamos nosotros para servirles y ellos lo saben, hemos trabajado, operado muchísimos proyectos, muchísimos operativos organizando el hormiguero para liberar presión a la tierra y conseguir que los serranos tengan sentimientos por su entorno”.

-¿Y el mayor reto?

“Contar [con] la energía financiera para levantar una ola de amor por el planeta, quiero reverdecer México, quiero recuperar sus suelos desertificados, quiero proteger sus bosques, y pues sí, el mayor reto es contar con la voluntad política y los recursos económicos necesarios”.


Conecto.mx rebobina un poco el casete para conocer más sobre la alianza entre el Grupo Ecológico y el Instituto Savory, una organización internacional sin fines de lucro dedicada a promover la restauración a gran escala de pastizales alrededor del mundo a través de un manejo holístico de la ganadería.

Podría parecer un poco contrasentido: una organización no gubernamental receptora de decenas de premios internacionales por su trabajo en favor de la conservación, pero que fomenta la ganadería. La misma Pati reconoce que durante años fue poco menos que enemiga de las vacas. En los 14 años que fue directora del ANP se granjeó mucha animadversión en su afán de impedir el cambio en el uso del suelo del bosque.

Hoy día, dirá que le siguen cayendo mal las vacas estabuladas, aquellas que comen granos y por lo mismo expelen gases constantemente. “Esas son las enemigas”.

“[Pero] hace 10 o 12 años me llegaron los australianos que vinieron a revolucionar nuestro quehacer y me dijeron ‘señora está usted en la Edad Media, nosotros traemos herramientas efectivas para la mitigación del calentamiento global, situaciones de sequía muy extremas’”.

Poco a poco Pati y su equipo fueron aprendiendo que con una técnica agropecuaria adecuada, las vacas incluso aceleraban la recuperación de la fertilidad y productividad de los suelos, ayudaban a frenar la desertificación y mitigaban los efectos del cambio climático.

En un esquema rotativo –es decir cuando muchas vacas se concentran en un espacio reducido por periodos breves– estos animales se vuelven máquinas de fertilización, de poda, de urea y de enzimas.

“Son magníficas y el trabajo que hacen con sus patitas rompiendo la cobertura del suelo, pues eso abre otra vez los suelos a la vida, si esto lo repites teniendo un plan de manejo de pastizales, un plan de negocios de tus pastos, haces cuentas, ves la capacidad de tu agostadero…”.

Sigue. Habla de alimentar el pasto con minerales o caldos vitamínicos –“son un prodigio”–, de arar el subsoleo, reintroducir microbiología y de implementar diseños hidrológicos como el Keyline, ideado por el australiano Percival Alfred Yeomans a mediados del siglo pasado. Pronto, la parcela agropecuaria se vuelve una esponja de raíces largas que ayuda a filtrar el agua y, aún más importante para la ambientalista, a capturar cantidades significativas de bióxido de carbono.

“Después de 20 años de mi vida de sembrar seis millones de árboles… llegan estos tipos me dicen ‘está usted mal señora, usted puede capturar tres veces más bióxido de carbono desarrollando humus y raíces en suelos’ y esa es la obsesión de mi vida: raíces largas, subsoleo, suelos productivos que recuperen su microbiología”.

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