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Sobre las hadas y duendes de la Sierra Gorda

Escrito por: Conecto septiembre 22, 2015

03_eccardi_sierragorda_lluvia810x538Colindando con los estados de Guanajuato, San Luis Potosí e Hidalgo, la Sierra Gorda de Querétaro es una joya que brilla y palpita en el centro de México. Con 384 mil hectáreas de extensión, esta Reserva de la Biosfera ocupa el 33 por ciento del Estado de Querétaro y presume ser una de las regiones con mayor diversidad en el país.

“¿Quién mide la magia de un lugar así?”, lanzó la ambientalista Martha Isabel “Pati” Ruiz Corzo hace unos años mientras presentaba el trabajo de años del Grupo Ecológico Sierra Gorda, responsable de la recuperación de la región ubicada en la Sierra Madre Oriental. Con su exclamación la activista queretana apuntó hacia la imagen de un paraje boscoso en la Sierra Gorda. La fotografía conformaba un mosaico ligeramente borroso de frondosos troncos y ramas, algo salido de un sueño fantasmal. “No sé ustedes pero yo sé qué existen hadas, gnomos y duendes y un día voy a hacer un inventario de ellos”, concluyó, aludiendo a la fantasía del espacio.

Riqueza de flora y fauna

En ese espacio, decretado Reserva de la Biósfera en 1997, conviven 14 ecosistemas: bosques de pinos, encinos y mesófilos; vegetación acuática y subacuática; matorrales, además de bosques tropicales y pastizales, por mencionar sólo algunos. En cuanto a su diversidad de flora y fauna, botánicos del Instituto de Ecología de Xalapa han registrado 2 mil 308 especies de plantas vasculares y micólogos han registrado 127 especies de hongos en los bosques y selvas de la Sierra Gorda. A esta riqueza de vegetación corresponde una notable diversidad de fauna, contabilizada en 110 especies de mamíferos, 339 de aves, 97 de reptiles y 34 de anfibios.

La Sierra Gorda da refugio al oso negro, al mico de noche y a las seis especies de felinos existentes en México: jaguar, puma, ocelote, tigrillo o margay, leoncillo o jaguarundi y gato montés. También la habitan venados temazate y cola blanca y guacamayas verdes, hocofaisanes y tucanetas. 

 

Regiones neártica y neotropical

En el pasado remoto nuestro planeta estaba formado por una masa continental única rodeada por el océano. Lentamente, en el transcurso de millones de años, las tierras se fueron separando. Un macizo, lo que hoy es Norteamérica, migró hacia el norte y otro se separó de África y se movió hacia el sur para formar Sudamérica. Con el tiempo, poderosos levantamientos de tierras del fondo oceánico y violentos nacimientos de volcanes formaron un puente para unir norte y sudamérica. Fue así como nació México y Centroamérica.

La flora y la fauna que existían en el macizo del norte –llamadas neárticas–, como por ejemplo los antecesores de los pinos y de los osos, fueron migrando hacia el sur utilizando este nuevo puente. De la misma forma las especies neotropicales o del sur, como los antecesores de los bosques tropicales y de los jaguares migraron hacia el norte. En México se dió la confluencia de migraciones y este importante fenómeno aunado a la intricada topografía de nuestro territorio provocó que en algunas regiones del país se concentrara una gran diversidad de paisajes, flora y fauna en espacios muy reducidos. Tal es el caso de la Sierra Gorda de Querétaro,

Por ejemplo el Cerro de la Pingüica, cuya altitud alcanza los 3 mil 160 metros sobre el nivel del mar, es reino de coníferas y encinos, mientras que en otras zonas de origen templado los liquidámbares y magnolias comparten la tierra con oyameles, palmas camedoras y helechos arborescentes, de origen tropical.

Patrimonio histórico

Pero la biodiversidad no es la única riqueza que la Sierra Gorda tiene que ofrecer a sus visitantes. Ahí habitaron los pames, jonaces, otomíes y huastecos del México prehispánico y como testimonio de esas culturas quedaron los asentamientos de Ranas, Toluquilla, El Cerrito y Tancama, aunque en toda la región registran cerca de 500 sitios arqueológicos. Más adelante en el siglo XVIII, el fraile franciscano Junípero Serra fundó cinco misiones, que en julio de 2003 fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por su belleza e inconfundible arquitectura.

“Yo he medido cuánto llueve, cuánto escurre, a cuánto vapor, cuánto erosiona, cuánta frescura, cuánto carbono; por años he hecho investigación”, relató Pati Ruiz Corzo, “pero cuando está uno en un lugar así se dice ‘no pues estoy contando la morralla’”.

*Con información de ProNatura, no. 8 oct-nov 2004.

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