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La dimensión territorial de los corredores biológicos

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Cafetales bajo sombra diversificada en la Sierra Mixteca, Oaxaca. Foto: Fulvio Eccardi

Rafael Obregón y Enrique Muñoz

El Corredor Biológico Mesoamericano (CBM) es una propuesta de gestión del desarrollo territorial que fomenta la conectividad entre los ecosistemas de Norteamérica y Sudamérica por medio de la integración funcional de distintos espacios naturales con el fin de salvar, conocer y usar la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de la región. Ello con la idea de contribuir a integrar el capital natural en la resolución de los problemas de pobreza y marginación, así como enfrentar los impactos del cambio climático global desde el sur-sureste de México hasta el norte de Colombia, pasando por el istmo Centroamericano. Es una iniciativa que mantiene una estructura institucional en los diez países de la región y cuenta con el Plan Director 2020,1 aprobado por los ministros medioambientales de la zona, como marco de referencia para contribuir a alcanzar los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), el Plan Estratégico 2011-2020 de las metas de Aichi y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

En México, el CBM se ha establecido como un referente de experiencias concretas que enfrentan los desafíos de la conservación de la biodiversidad en espacios geográficos, ubicados principalmente en ecosistemas tropicales donde prevalecen actividades productivas propias de pequeñas unidades familiares, la mayoría campesinos e indígenas que habitan comunidades y ejidos pobres y marginados. En los últimos doce años, por medio de la CONABIO, esta iniciativa ha buscado integrar conocimientos y promover arreglos institucionales que generen alternativas innovadoras ante procesos de deterioro, eleven los niveles de bienestar y garanticen la conservación de la biodiversidad.

En este periodo, las actividades en México han ayudado a transformar el concepto inicial del CBM –que plantea conectar estructuralmente áreas naturales protegidas para mantener la continuidad de los procesos biológicos– hacia propuestas basadas en la construcción de acuerdos, metodologías, herramientas y políticas que buscan integrar y enlazar paisajes, principalmente rurales, para la formación de matrices o mosaicos funcionales ecológicamente. En este esfuerzo, nos hemos enfrentado a las tendencias homogeneizadoras de los mercados globales, a la “ceguera” de programas y proyectos de aplicación nacional que no reconocen capacidades y problemas específicos, así como a políticas de fomento productivo que pujan en contra de las actividades productivas que integran la biodiversidad, menosprecian las unidades de producción múltiples y no dan crédito al papel de estos productores como proveedores de servicios ecosistémicos, que los ha hecho aliados principales en la conservación de la biodiversidad.

Ante las tendencias sectoriales y homogeneizadoras de la política pública, el cbm en México ha asumido como marco conceptual el “enfoque territorial del desarrollo”, con el interés de incorporar criterios ambientales y de conservación biológica a la articulación de esfuerzos que enfrenten el deterioro y propongan el bienestar. Entre las acciones, hasta el momento desarrolladas, destacan:

  1. Planeación territorial participativa, a fin de identificar capacidades sociales, productivas y ambientales locales, valorar la biodiversidad y servicios ecosistémicos, y avanzar en la ordenación productiva sustentable de regiones prioritarias por su biodiversidad.
  2. Acuerdos con organizaciones de la sociedad civil, académicas y productores que estén interesados en fortalecer capacidades locales y desarrollar alternativas que fomenten la conservación de la biodiversidad local.
  3. Innovación de prácticas tecnológicas, generadas a partir del intercambio de conocimientos –con el propósito de reconvertir sustentablemente hábitos productivos que aumentan el deterioro–, mejorar la productividad, fomentar paisajes agroforestales e impulsar el manejo forestal diversificado.
  4. Formación de personal técnico y promotores de campo dedicados a incidir y orientar la elaboración de proyectos integradores, sustentables e impulsores.
  5. Integración de cadenas de valor multiespecíficas, asociadas a circuitos cortos de comercialización.
  6. Convenios interinstitucionales en distintos órdenes de gobierno para la alineación de políticas públicas con base en las capacidades y problemáticas locales, por ejemplo, los desarrollados conjuntamente con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) y la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR).
  7. Establecimiento de mecanismos de gobernanza basados en compromisos por la conservación de la biodiversidad, el desarrollo de prácticas productivas sustentables y la diversificación de la producción rural.
  8. Monitoreo de fauna silvestre, por medio de cámaras- trampa y la observación de aves a través de monitores comunitarios. Actualmente, el CBM en México se concentra en la tarea de sistematizar experiencias y lecciones aprendidas, con el interés de crear propuestas para una nueva generación de políticas territoriales que facilite la alineación de políticas, el intercambio de conocimientos y la toma de decisiones con base en la mejor información. Ello, con el firme interés de que se reconozca el valor de la biodiversidad como un bien público con sustanciales beneficios para la población y los pequeños productores diversificados, que son actores fundamentales del desarrollo sustentable del país.