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Biodiversidad en los bosques de Ixtlán

Escrito por: Emily Corona mayo 7, 2017

Mediante el uso de cámaras trampa, un poco del perfume Obsession de Calvin Klein y otras esencias químicas que despiden aromas a fruta fermentada, huevo y hormonas, el biólogo Sergio Pérez Contreras se dio a la tarea de investigar sobre la fauna que habita en la Sierra de Juárez. Sus hallazgos son buenas noticias para los amantes del mundo natural y la biodiversidad.

En la comunidad zapoteca de Ixtlán de Juárez, el aprovechamiento forestal maderable se lleva a cabo buscando permanentemente un equilibrio entre el bienestar social y el ambiental. Sin embargo, es innegable que el manejo de los bosques en el mundo entero genera importantes modificaciones en los ecosistemas, en su composición y estructura.

¿Será posible llevar a cabo actividades productivas sin afectar el comportamiento y la distribución de las especies?

Sergio Pérez se dispuso a explorar este tema en su tesis de licenciatura en biología.

Es originario de Ixtlán y, según explicó en entrevista, detectó que su comunidad nunca había sido estudiada en este sentido pese a tener una larga tradición en el manejo forestal. Encontró que había muy poca información publicada acerca del comportamiento y los desplazamientos de las especies de fauna y flora como consecuencia del aprovechamiento forestal en la Sierra Juárez.

Durante más de siete décadas, los bosques de Ixtlán de Juárez, en la Sierra Norte de Oaxaca, han sido explotados. Primero por un empresario particular, luego por la Fábrica de Papel Tuxtepec (FAPATUX) y finalmente por los verdaderos dueños de los recursos forestales, los pueblos indígenas de la región.

La Sierra Norte, también conocida como Sierra Juárez, es considerada una de las regiones de mayor importancia por su diversidad biológica, ya que a nivel nacional alberga el mayor número de especies endémicas y ocho de los nueve tipos de vegetación terrestre del país: bosque tropical perennifolio, bosque tropical subcaducifolio, bosque mesófilo de montaña, de encino, de pino, tropical caducifolio, espinoso y pradera subalpina, según un documento elaborado por el proyecto Sistemas Productivos Sostenibles y Biodiversidad (SPSB) de la Conabio.

Sergio encontró que si bien el manejo forestal no ponía fuertemente en riesgo la biodiversidad de la región, sí tenía impactos sobre el comportamiento y la distribución de la misma. “La biodiversidad sigue habitando estos bosques porque no se ha visto una exclusión de alguna especie y no se ha visto que se mueva a otras zonas, a diferencia de otros lugares donde se derriban los bosques sin ningún tipo de reforestación ni manejo; en esos casos la fauna desaparece completamente porque las características que existían en ese bosque ya no están”.

En su investigación, el punto de comparación más fuerte se dio en las áreas de extracción con el método silvícola de matarrasa por franjas alternas. Ahí, Sergio detectó que ciertos mamíferos se vieron beneficiados, como el venado cola blanca (Odocoileus virginianus) que se alimenta de hongos, líquenes y ramonea el follaje y las ramas tiernas de los arbustos, mientras que otros, como el elusivo tigrillo (Leopardus wiedii), se vieron afectados.

La técnica de aprovechamiento por matarrasa implica una modificación parcial y temporal del bosque de pino-encino. La empresa extractiva remueve todos los árboles de una franja de aproximadamente 50 metros de ancho y 600 metros de longitud, dejando unos 400 metros de bosque conservado entre las franjas removidas. Desde las alturas, se vislumbra la masa forestal intocada, intercalada por claros sin vegetación o con vegetación incipiente. Luego, previo a la temporada de lluvias, se trasplantan los pinos producidos en el vivero de la comunidad, y conforme van creciendo son supervisados y asistidos por el servicio técnico forestal de la localidad.

Para llevar a cabo el monitoreo, el biólogo Sergio Pérez colocó 15 cámaras trampa con sensores de movimiento en tres zonas del bosque destinadas a actividades diferentes, con su correspondiente gradiente de presencia humana. Cinco cámaras fueron ubicadas en una zona de conservación, donde prácticamente no había presencia humana; otras cinco en una zona de saneamiento forestal, donde había un poco porque un grupo de técnicos forestales combatían la plaga del escarabajo descortezador, y cinco últimas en el área de extracción forestal, donde había mucha actividad y alteración humana.

Descubrió que, en general, las zonas de extracción tenían una mayor riqueza de especies, un hallazgo que es consistente con lo que se ha reportado en otras investigaciones relacionadas.

Así, varias especies de animales de la región se vieron favorecidas por el aprovechamiento de matarrasa. Un ejemplo muy claro fue el del venado cola blanca, hervíboro presente en gran parte de Norteamérica, Centroamérica y una porción de Sudamérica. Por su amplia distribución territorial, puede encontrarse en una gran variedad de ecosistemas, pero prefiere áreas boscosas y no muy densamente arboladas para refugiarse. Para su investigación Sergio registró una presencia de venados cuatro veces mayor en las franjas de extracción que en la zona de conservación. El 64% de los registros de esta especie tuvieron lugar en franjas matarrasa, mientras que sólo el 17% se registró en la zona de conservación. Ahora, la pregunta es ¿por qué?

Un claro en el bosque, recién desprovisto de su población arbórea, genera microambientes que fomentan el crecimiento de plantas formadoras de suelo. Muchas leguminosas o plantas con altas cantidades de nitrógeno y proteína crecen en suelos con bajos nutrientes, y son el alimento predilecto del venado cola blanca que se desplazó hacia dicha zona de aprovechamiento.

El biólogo encontró también que en esta zona el acomodo de materia orgánica, producto del aprovechamiento forestal, generó microclimas y hábitats ideales para las poblaciones de ratones, conejos, reptiles e insectos que prosperan entre la hojarasca y los troncos podridos. Por ello, este fenómeno atrajo ejemplares de zorra gris (Urocyon cinereoargenteus) y de cacomixtle (Bassariscus astutus), que son depredadoras de las especies más pequeñas.

Como expuso en su tesis, estos carnívoros son altamente adaptables a los cambios en su medio, e incluso muchas veces se benefician de las actividades y presencia de grupos humanos debido a sus hábitos generalistas y a su gran flexibilidad para encontrar refugio y alimentos.

Es evidente que no todas las especies de la Sierra Juárez se beneficiaron con la alteración de sus hábitats, y el ejemplo más contundente es el tigrillo. Mientras que Sergio tuvo tres avistamientos de este felino en el área de conservación, en la zona de extracción vio sólo uno. Las características biológicas de los felinos los hacen muy sensibles a la perturbación de sus hábitats; algunos gatos se adaptan, pero otros no. El tigrillo está considerado como el felino más arborícola de México porque realiza la mayor parte de sus actividades en los árboles. Esto explica que haya evitado las franjas sin cobertura forestal.

La reflexión final de Sergio: queda claro que en el manejo forestal sustentable hay dinamismo en los ecosistemas alterados, pero aún así siguen teniendo las características necesarias para que la fauna habite estos bosques.

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